Párroco de Madridejos – Pedro Alfonso de Marcos Díe
«Ya no yo, es Cristo quien vive en mi», llega a decir san Pablo. Desde que Cristo se ha encarnado, quiere llegar a esa unión profundísima con nosotros, a esa intimidad preciosa.
Por ello, es una maravilla tener nuestra imagen del Santísimo Cristo del Prado en nuestro pueblo, y en concreto, en una ermita que está prácticamente todo el día abierta. La imagen, ante la cual nos arrodillamos en tantos momentos, nos recuerda que sí, es cierto, nosotros queremos estar con Él, pero sobre todo, cosa admirable, que es Él quien quiere estar con nosotros, que se goza con nosotros, que se complace en nosotros, seamos como seamos, hagamos lo que hagamos.
Es ese amor incondicional del Señor que vemos reflejado cuando entramos en la ermita y miramos a nuestro Cristo. Ese amor que sólo Él nos puede dar, que no hay ni puede haber otro igual en el mundo. Ese amor que es su deseo ardiente de llegar a ser uno con nosotros.
Las fiestas que celebraremos son la ocasión, ante todo, para darle gracias por ese amor. Pero también para pedirle que nos ayude a acoger ese amor en nuestra vidas, y pedirle perdón por tantas veces en que no lo hemos acogido, hemos preferido buscar otros amores al suyo.
Son ocasión también de renovar nuestro propósito de hacer de nuestra vida una profunda comunión con la suya, de vivir esa intimidad que Él nos ofrece. De avivar la confianza en Él que tenían los mártires a la hora de morir. De que toda nuestra vida sea aquel mismo iii VIVA!!! que en esa misma hora dieron a su Cristo.
Os deseamos a todos unas muy felices y santas fiestas. Que el Santísimo Cristo del Prado siga bendiciendo a nuestro pueblo.











